En lo que he venido denominando "terapia de choque contra el sindrome postvacacional" he tenido la ocasión de intercambiar impresiones con muchas personas, personas de izquierdas y demócratas. Les planteaba una cuestión la que en general tuvo buena acogida, se trata de introducir la demócracia en los partidos haciendo obligatorio que en sus respectivos estatutos se recoja la idea de unas primarias, es decir, que no suponga un esfuerzo adicional llevar a cabo este proceso de democracia interna, sino que ya esté previsto de antemano.
Y que esto se obligatorio, que si no hay dos candidatos, al menos, el que ensillable sea democraticamente ratificado por su asamblea, basta de democracia digital y de ir soltando a diestro y siniestro paracaidistas.
Tampoco me gusta, porque lo considero una forma de buscar falsamente la unanimidad, de la que me declaro enemigo. Desde que leí a Jhon Stuart Mill, cada vez que todos vemos las cosas de la misma forma me da la sensación de qué algo se me escapa. Decía que no me gusta aquello de "votos en contra? Abstenciones? A favor? Se aprueba por unanimidad"